Tuesday, August 21, 2007
desiderata...
En cuanto te sea posible y sin rendirte, mantén buenas relaciones con todas las personas.
Diga su verdad, calladamente y claramente, Escucha a los otros aunque sean ignorantes; cada uno de ellos tiene también su historia.
Evita a las personas ruidosas y agresivas, porque ellos molestan el espíritu.
Si se compara con otros usted puede hacerce vano y amargado; porque siempre habrán personas mayores y menores que usted.
Disfruta de tus éxitos lo mismo que de tus planes.
Ama tu carrera aunque sea humilde; es la fortuna real de tu vida.
Sé prudente en tus negocios pues, porque el mundo está lleno de personas sin escrúpulos.
Pero tambien, no permitas que esto te ensegue a las virtudes que existen; muchas personas se esfuerzan para los ideales altos; y por en todas partes la vida está llena de heroísmo.
Séa usted mismo.
Especialmente, no pretenda disimular sus inclinaciones.
No seas cínico en el amor, pues en medio de todas las arideces y desengaños, es perenne como la hierba.
Acepta con serenidad consejo de los años, y renuncie sin reservas las cosas de la juventud.
Cultiva la firmeza del espíritu, para que te proteja en las adversidades repentinas, muchos temores nacen de la fatiga y la soledad.
Conserva una sana disciplina, y sé benigno contigo mismo.
Tú eres una criatura del universo no menos que los árboles y las estrellas; tienes derecho para estar aquí.
Vive en paz con Dios cualquiera que sea tu idea de Él y sean cuales fueran tus trabajos y aspiraciones.
Conserva la paz con tu alma.
A pesar de sus falsedades, trabajos pesados y sueños arruinados, todavía es un mundo bonito.
Esfuércese por ser feliz.
La propiedad literaria de
Max Ehrmann
Copywrite
Thursday, August 16, 2007
NO TE RINDAS
Wednesday, August 15, 2007
EL MAESTRO SUFI...
- Maestro – lo encaró uno de ellos una tarde. Tú nos cuentas los cuentos pero no nos explicas su significado...
- Pido perdón por eso. – Se disculpó el maestro – Permíteme que en señal de reparación te convide con un rico durazno.
- Gracias maestro.- respondió halagado el discípulo
- Quisiera, para agasajarte, pelarte tu durazno yo mismo. ¿Me permites?
- Sí. Muchas gracias – dijo el discípulo.
- ¿Te gustaría que, ya que tengo en mi mano un cuchillo, te lo corte en trozos para que te sea más cómodo?...
- Me encantaría... Pero no quisiera abusar de tu hospitalidad, maestro...
- No es un abuso si yo te lo ofrezco. Solo deseo complacerte...
- Permíteme que te lo mastique antes de dártelo...
- No maestro. ¡No me gustaría que hicieras eso! Se quejó, sorprendido el discípulo.
El maestro hizo una pausa y dijo:
- Si yo les explicara el sentido de cada cuento... sería como darles a comer una fruta masticada
-Bucay, Jorge - "26 Cuentos para Pensar"
--Autor--
Tuesday, August 14, 2007
Si tuvieras, de repente, hoy 16 años…
vivir como vivo hoy.
"A ella le gusta la gasolina…"
Y que la respeten…
Y que la cuiden…
Y que la quieran por lo que es…
Si tuvieras, de repente, hoy 16 años…
• Volvería a callar ese amor secreto, por el cual sufrí mucho y que hoy he disfrutado tanto no haber disfrutado…
• Pondría más atención a lo que hacían mis padres con sus vidas, pude haber aprovechado más sus errores…
• Celebraría mis cumpleaños como lo hacía, pedirías pañuelos, jabón kinder, pasta dental, calzoncillos de colores, medias para el año entero… esos si eran cumpleaños!!!!.
• Me preocuparía menos por las espinillas, total ahora no tengo ni una y eso que he comido muchísima mantequilla.
• Leería más. Fantomas, Memín, Kalimán, Batman y Robin son entrañables. Hay libros clásicos, de historia y poesía que debí leer, hoy tengo que decir que entiendo aunque no sepa de lo que me estan hablando.
• Deportes debí practicar algo más que béisbol, "bellugas", fufú,
trompo, el pañuelo, pescar en el río, hoy fuera más atlético y saludable.
• No me tomaría tan en serio algunos relajos. Ni relajaría con cosas que son muy serias.
• Disfrutaría algunos espectáculos extraordinarios que tuve siempre al lado mío y que solo hoy caigo en la cuenta de su valor: esos atardeceres, las crecidas del río, el friito de Diciembre, la época de mangos y aguacates, el agua limpia y cristalina de la noria, las jaibas del arroyo, el trigo en la escuela…
*Si a los 16 años* hubiese sabido lo que sé de la vida ahora, fuera millonario.
Si lo que sé ahora lo hubiese sabido a los 16 años no pudiera decir
esto, no pudiera recordar con nostalgia ese amor que nació, creció y
murió dentro de mí. Si la realidad y mi pensamiento se juntaron fue para enseñarme que cada día, edad, momento tiene su propio afán y que lo bonito es vivirlo a plenitud, aunque plenitud a esa edad no sea mucho.
No cambio lo que soy, lo que tengo, por ser millonario. Aunque reconozco que tendría más amigos (y más enemigos).
Miro hacia atrás y estoy seguro que viví lo que tenías que vivir para
vivir como vivo hoy. Ni más ni menos. Cada palabra, cada pensamiento, cada acontecimiento, cada experiencia, hasta lo que no recuerdo está presente aquí y ahora. Comprimido, adaptado, encubierto todo está aquí.
Que bien se siente ser yo. No el que fui ni el que quiero llegar a ser.
Sólo, Yo sólo.
Solo junto a Dios, mi esposa, mis hijos, mis amigos y todos ustedes...
Profesor Mario Minaya, Universidad Católica de Santo Domingo.
galletitas...
Un poco fastidiada, la señora va al puesto de diarios y compra una revista, luego pasa al kiosco y compra un paquete de galletitas y una lata de gaseosa.
Preparada para la forzosa espera, se sienta en uno de los largos bancos del andén. Mientras hojea la revista, un joven se sienta a su lado y comienza a leer un diario. Imprevistamente la señora ve, por el rabillo del ojo, cómo el muchacho, sin decir una palabra, estira la mano, agarra el paquete de galletitas, lo abre y después de sacar una comienza a comérsela despreocupadamente.
La mujer está indignada. No está dispuesta a ser grosera, pero tampoco a hacer de cuenta que nada ha pasado; así que, con gesto ampuloso, toma el paquete y saca una galletita que exhibe frente al joven y se la come mirándolo fijamente.
Por toda respuesta, el joven sonríe... y toma otra galletita.
La señora gime un poco, toma una nueva galletita y, con ostensibles señales de fastidio, se la come sosteniendo otra vez la mirada en el muchacho.
El diálogo de miradas y sonrisas continúa entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, el muchacho cada vez más divertido.
Finalmente, la señora se da cuenta de que en el paquete queda sólo la última galletita. " No podrá ser tan caradura", piensa, y se queda como congelada mirando alternativamente al joven y a las galletitas.
Con calma, el muchacho alarga la mano, toma la última galletita y, con mucha suavidad, la corta exactamente por la mitad. Con su sonrisa más amorosa le ofrece media a la señora.
- Gracias! - dice la mujer tomando con rudeza la media galletita.
- De nada - contesta el joven sonriendo angelical mientras come su mitad.
El tren llega.
Furiosa, la señora se levanta con sus cosas y sube al tren. Al arrancar, desde el vagón ve al muchacho todavía sentado en el banco del andén y piensa: " Insolente".
Siente la boca reseca de ira. Abre la cartera para sacar la lata de gaseosa y se sorprende al encontrar, cerrado, su paquete de galletitas... ! Intacto!.
-Bucay, Jorge - "26 Cuentos para Pensar"
--Autor--
Tu eres tu propio obstaculo....
Dejo que mis pies me lleven.
Mis ojos se posan en los árboles, en los pájaros, en las piedras. En el horizonte se recorte la silueta de una ciudad. Agudizo la mirada para distinguirla bien. Siento que la ciudad me atrae.
Sin saber cómo, me doy cuenta de que en esta ciudad puedo encontrar todo lo que deseo. Todas mis metas, mis objetivos y mis logros. Mis ambiciones y mis sueños están en esta ciudad. Lo que quiero conseguir, lo que necesito, lo que más me gustaría ser, aquello a lo cual aspiro, o que intento, por lo que trabajo, lo que siempre ambicioné, aquello que sería el mayor de mis éxitos.
Me imagino que todo eso está en esa ciudad. Sin dudar, empiezo a caminar hacia ella. A poco de andar, el sendero se hace cuesta arriba. Me canso un poco, pero no me importa.
Sigo. Diviso una sombra negra, más adelante, en el camino. Al acercarme, veo que una enorme zanja me impide mi paso. Temo... dudo.
Me enoja que mi meta no pueda conseguirse fácilmente. De todas maneras decido saltar la zanja. Retrocedo, tomo impulso y salto... Consigo pasarla. Me repongo y sigo caminando. Unos metros más adelante, aparece otra zanja. Vuelvo a tomar carrera y también la salto. Corro hacia la ciudad: el camino parece despejado. Me sorprende un abismo que detiene mi camino. Me detengo. Imposible saltarlo
Veo que a un costado hay maderas, clavos y herramientas. Me doy cuenta de que está allí para construir un puente. Nunca he sido hábil con mis manos... Pienso en renunciar. Miro la meta que deseo... y resisto.
Empiezo a construir el puente. Pasan horas, o días, o meses. El puente está hecho. Emocionado, lo cruzo. Y al llegar al otro lado... descubro el muro. Un gigantesco muro frío y húmedo rodea la ciudad de mis sueños...
Me siento abatido... Busco la manera de esquivarlo. No hay caso. Debo escalarlo. La ciudad está tan cerca... No dejaré que el muro impida mi paso.
Me propongo trepar. Descanso unos minutos y tomo aire... De pronto veo, a un costado del camino un niño que me mira como si me conociera. Me sonríe con complicidad.
Me recuerda a mí mismo... cuando era niño.
Quizás por eso, me animo a expresar en voz alta mi queja: -¿Por qué tantos obstáculos entre mi objetivo y yo?
El niño se encoge de hombros y me contesta: -¿Por qué me lo preguntas a mí?
Los obstáculos no estaban antes de que tú llegaras... Los obstáculos los trajiste tú.
-Bucay, Jorge - "26 Cuentos para Pensar"
--Autor--
Monday, August 13, 2007
a pensar elefantes...
Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enrome bestia hacia despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas clavada a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye? Cuando tenía 5 o 6 años yo todavía en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: -Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta. Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía... Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree -pobre- que NO PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez...
-Bucay, Jorge - "26 Cuentos para Pensar"
--Autor--